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El sacrificado trabajo de Bomberos de Chile durante los incendios en la región

La Región del Biobío atraviesa una de las crisis más complejas de los últimos años. La declaración de estado de catástrofe en Biobío y Ñuble no solo activó protocolos de emergencia: evidenció la fragilidad de comunidades enteras frente a un fuego que avanza sin tregua y la fortaleza de quienes, aún en condiciones extremas, deciden quedarse y resistir.

Según el último balance de SENAPRED, los incendios forestales han consumido más de 40 mil hectáreas en Biobío, Ñuble y La Araucanía, siendo la Región del Biobío la más afectada. El saldo es devastador: 21 personas fallecidas y más de 20.000 damnificados. Cifras duras, que adquieren verdadero sentido cuando se traducen en barrios arrasados, hogares perdidos y vidas que deberán reconstruirse desde las cenizas.

Se trata de una emergencia que, por su nivel de destrucción y afectación a zonas habitadas, resulta comparable, e incluso superior en extensión territorial, a la tragedia vivida el 2024 en Viña del Mar, uno de los desastres urbanos más graves del último tiempo en el país.

Lirquén y Punta de Parra son hoy nombres que duelen. Más del 80% de sus viviendas resultaron destruidas, dejando a familias completas enfrentadas a una pérdida total que va mucho más allá de lo material.

La primera línea que no retrocede

Mientras el fuego avanza, los voluntarios del Cuerpo de Bomberos de Chile han permanecido día y noche en la primera línea de combate. Enfrentan llamas impredecibles, temperaturas cercanas a los 30 grados y vientos que cambian el curso de los incendios en minutos. Aun así, continúan.

Su labor no se limita a apagar focos activos. Protegen zonas urbanas, apoyan evacuaciones, coordinan acciones con otros servicios de emergencia y acompañan a comunidades que, en muchos casos, lo han perdido todo. Es un trabajo marcado por el sacrificio, la vocación y una profunda responsabilidad con el territorio y su gente.

Entre quienes hoy sostienen esa primera línea está Sebastián Matamala, Superintendente del Cuerpo de Bomberos de San Pedro de la Paz. Junto a las cuatro compañías de la comuna, lleva desde el sábado 17 enfrentando los siniestros sin descanso, con la convicción de quien entiende que cada minuto cuenta cuando una región arde.

La fotografía que nos envía desde el corazón del incendio, y que abre esta nota, no es solo un registro visual, es un mensaje silencioso. En su mirada se concentra la calma en medio del caos, la valentía que no necesita estridencias y la responsabilidad asumida el día en que juró servir. Quienes observamos esa imagen entendemos que no retrata a una sola persona, sino a cientos de voluntarios que, incluso exhaustos, siguen firmes para contener una amenaza que mantiene en vilo al Biobío.

Cuando el fuego también alcanza la vida propia

El sacrificio tiene, en muchos casos, un costo personal. Así lo refleja la historia de Manuel Rivas, bombero de Penco con 40 años de servicio, quien en una transmisión en vivo para un canal de televisión, confesó que su propia casa fue alcanzada por las llamas.

“Perder tantas viviendas, vidas en realidad, es tremendo. Lo que estamos viviendo es un dolor tremendo. Cuarenta años apagando casas, y hoy día me tocó a mí”, relató entre lágrimas. Su hija sufrió quemaduras en un brazo, pero la familia logró evacuar a tiempo.

A pesar del golpe, Manuel volvió a ponerse el casco y retomó su labor. “Yo ya lo perdí todo. Hoy estoy retomando mi puesto de bombero porque esa es mi devoción. Sé que hay gente que me necesita, no quiero que otros sigan perdiéndolo todo”, dijo. Sus palabras condensan el sentido más profundo del juramento bomberil: servir incluso cuando el sacrificio es propio.

Un esfuerzo que trasciende fronteras

Las compañías de bomberos de toda la región continúan desplegadas con la totalidad de sus recursos, apoyadas por 75 aeronaves, vehículos especializados y material técnico. A este esfuerzo se han sumado contingentes de distintas regiones del país, incluyendo equipos provenientes de Santiago, que arribó para reforzar las labores de combate, evacuación y apoyo logístico.

Se trata de un trabajo coordinado entre autoridades locales, regionales y nacionales, pero también de un esfuerzo colectivo donde las comunidades, desde el sábado, han demostrado una capacidad de organización y solidaridad que recuerda los momentos más difíciles de la historia reciente del país.

Cuando las llamas se extingan, quedará la tarea de reconstruir. Pero también quedará la memoria de quienes estuvieron allí cuando todo parecía perderse. Bomberos y bomberas que, sin esperar reconocimiento, sostuvieron la línea invisible entre la tragedia total y la esperanza de volver a empezar.

Diego Farías / Periodista MASDIGITAL MEDIOS