Radio Mas

A veces no conocemos la palabra "RESILIENCIA" hasta que ella nos adopta

Cuando tenía 6 años, la resiliencia no era solo una palabra. Era el sabor amargo de los días en que el frío se colaba por los espacios de la mediagua donde vivía, soportando las precarias condiciones de la toma donde estábamos de allegados. Era el nudo en la garganta al ver que mis ilusiones de niña, una tras otra, se evaporaban en un ambiente de ignorancia, mal trato, pobreza extrema y abuso. En ese entonces, el futuro no era un horizonte; era un pozo oscuro y profundo, como el lugar que utilizábamos de letrina. Crecí arrastrando una mochila cargada de dolor, incomprensión y la sensación constante de no valer nada. Esa carga se hizo insoportable y pesada.

En mi adolescencia solía estar en alerta e inconscientemente a la defensiva, sintiendo que era una necesidad defenderme de todo el mundo. Aún estando en hogares de SENAME rodeada de otras niñas, me sentía sola. La tristeza fue aumentando y a los 24 años, en un acto de desesperación que hoy entiendo como un grito mudo de auxilio, intenté apagar mi propia existencia intentando suicidarme. Sobreviví, pero la caída me dejó con una grave lesión medular, quedando paralizada del pecho hacia abajo.

Fueron dos grandes caídas: la primera fue nacer sin amor y la segunda fue quedar postrada con en silla de ruedas de por vida. Golpes que podrían haber destruido a cualquiera y que casi me destruyen definitivamente. El punto de inflexión llegó en un lugar que se convirtió de alguna manera en un refugio para mí, la Teletón. Ahí, con paciencia, respeto y cariño, no solo me ayudaron a recuperar un poco de movilidad y autonomía, sino que también me enseñaron a mover el alma. Fue un profesional del lugar quién me habló por primera vez del deporte adaptado, generando los lazos que me llevaron a conocer la “canoa polinésica”. Yo estaba atónita ¿una mujer que apenas podía moverse en tierra, navegando en el agua? Parecía una broma. Pero la primera vez que la pala tocó el agua y el bote se deslizó, sentí una emoción que nunca antes había conocido. Descubrí que la resiliencia no era solo aguantar, sino reencauzar la fuerza.

Ahora sé que la resiliencia es esa capacidad de doblarse sin romperse, y luego utilizar esa curva para impulsarse. Pero ¿Cuál ha sido el verdadero significado de resiliencia para mí? Mucha gente me ha felicitado por haber llegado a ser la tercera mejor del mundo en mi categoría de disciplina, por haber llegado al podio en representación de mi país, pero yo tengo la certeza de que mi verdadero podio no está en las medallas que honestamente he ganado, pues las medallas van y vienen. Ganar o perder es parte de la vida. Mi verdadera victoria está en haberle torcido la mano al destino. Esa es mi manera de describir “resiliencia” y creo que con ello puedo inspirar al que hoy sufre: ¡NO eres tu dolor! Es lo que haces con él, lo que te define.

El deporte me enseñó una nueva forma de canalizar esa fuerza que antes solo utilizaba para sobrevivir. Me entregó herramientas con las que aprendí: DISCIPLINA, mis entrenamientos me dieron la capacidad de valorar cada segundo de esfuerzo; FOCO, cuando remas, no miras la orilla de dónde vienes (el pasado oscuro), miras la pista que está delante por conquistar; APRENDIZAJE, la pobreza me enseñó a valorar cada pedacito; COMUNIDAD, el apoyo incondicional de Teletón y de mis amistades me demostró que no tengo que remar sola.

La vida puede darte más. La vida me quitó la posibilidad de caminar pero me dio la oportunidad de navegar. El agua me sostiene, el remo me impulsa y mi silla de ruedas es ahora un asiento de honor. La adversidad es una circunstancia que en algún momento puede cambiar.

Créanme, yo lo sé. Si yo que, perdí todo: derechos, dignidad, la función de mis piernas, casi la vida, etc. Y pude levantarme para en algún momento convertirme en campeona, llegando a ser de nivel mundial. Bajo mi mirada cualquier persona puede torcerle la mano a su propio destino. No necesariamente tienes que ser un atleta, tan solo basta con que quieras tener tu propia esperanza.

La vida es dura, pero tu fuerza de voluntad puede ser más dura todavía. Sal y rema tu propia Canoa, una laguna de oportunidades te espera.

Jocelyn Muñoz Gaete – Campeona Panamericana Canoa Polinésica